Una esperanza llamada Mari.
Hoy nuevamente vino Mari a darme rehabilitación, esta vez dejó su filipina morada en su armario y vino con unos jeans, tenis y sudadera negra. Será que coincidentemente se vistió así porque esta vez me iba a dejar conocer más sobre ella como persona y no como fisioterapeuta.
- Voy a estirar, pero avísame si hay dolor – Me dice mientras sus delicadas manos sostienen mi rígido brazo derecho.
- Sí –Le respondo entre un gemido que intenta disimular mi dolor.
Quizás la lluvia y el frío pusieron más melancólico el momento, y me comienza a compartir que no es casada, que no tiene novio ni planea, por el momento, tener hijos.
- A veces uno debe aprender a estar sola, a no necesitar ni depender de ninguna compañía para sentirte tranquila. Estoy contenta haciendo lo que hago. – Dice mientras su rostro sereno refleja la sinceridad de sus palabras.
Yo también creo que sus manos nacieron más para sanar, que para acariciar.
- Sabes, en San Miguel – Donde radica– soy la única fisioterapeuta que hay en el pueblo, y en Ocotlán, soy de las más veteranas porque antes solamente éramos tres.
No agregó nada más, pero entendí, entre líneas, que tomaba su profesión de fisioterapeuta como un compromiso social. Toda Mari es una Asociación Civil que busca recobrarle calidad de vida a los cuerpos limitados como el mío.
- Mari, ¿has conocido a madres con discapacidad?
- Sí, tengo una paciente que sufrió una hemiparesia una semana después de su cesárea, pero ya se está recuperando casi por completo, solamente le falta alzar más el brazo y trabajar un poco más la “pinza fina” -Lo dice sin tomar en cuenta que sus manos fueron participes de tal milagro. –
- ¿Tienes algún pasatiempo?
- Sí, antes jugaba fútbol, de hecho hace un par de semanas me invitaron a entrar a un equipo de fútbol que va participar en la Copa Jalisco, pero aún me falta pasar las pruebas y ver si alguien se va dar de baja para que yo pueda entrar.
- Sabes, yo también quisiera entrenar fútbol – Digo recalcando melancólicamente el “quisiera”, pues sé que mi cuerpo nació más para imaginar que corre, que para correr.
- Yo creo que puedes lograrlo, con que logremos que corras puedes entrenar, no importa si no mueves mucho tu mano. En el equipo donde entrenaba la portera no tenía una mano, ¡Y era portera! Podemos trabajar en tu pie para que comiences dando pequeños brinquitos y después puedas trotar y correr.
Hay cierto don en ella: Dice palabras de aliento con muy poca euforia, pero aún así logra motivarte lo suficiente para creértelo; sus palabras son tan ciertas que no necesitan ser gritadas para ser escuchadas.
Yo la miro, la miro y pienso que tengo una sola queja en contra de ella ¿Por qué se llama Mari y no Esperanza?”.
Liagiba.