el caballero

Entrevista a Antonio Gálvez “‘’El Caballero’’: Una leyenda viviente de Ocotlán, Jalisco.

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‘’Amorcito corazón’’, ‘’Sabor a ti’’, ‘’Cien años’’, ‘’Contigo aprendí’, son algunas de las canciones que rodearon a don Antonio Gálvez Gómez, mejor conocido por la comunidad ocotlense como ‘’el Caballero’’. Don Antonio, de 70 años, es un famoso cantante de Ocotlán, Jalisco pues le tocó vivir la época de oro de la música mexicana, compartiendo escenario con grandes como Los Bukis y Los Panchos. Su fama llegó a tal grado que se le dedicó un mural en las entradas del municipio. 

Es jueves 8 de febrero. El reloj marca exactamente las 18:00 horas cuando me encuentro en la sala del hogar de Don Antonio, un lugar sencillo: tres sillones blancos, no hay mesa, las paredes son rojas y el piso es blanco con azul. 

El caballero entra a escena vestido como todo un catrín, pantalón de vestir negro con unas delgaditas rayas blancas, muy bien planchado, el cual combina con una camisa blanca y un saco del mismo estilo; le da un último toque a su vestir con un sombrero blanco con figuras tenues. Me recuerda mucho a los pachucos. Don Antonio es bigotón, tiene ojos negros, piel blanca, nariz semi fina; es muy alto y delgado.

Me pongo de pie para honrar su presencia y él me responde con un abrazo. Tomamos asiento y me preparo para escuchar todas las leyendas que hicieron de don Antonio una leyenda misma:

“Nací y crecí en Ocotlán junto a mis hermanos”, dice don Antonio mientras agacha su mirada y añade: “todos niños de bien, de valores, gracias a la educación de mis padres. A los 12 años mi padre, José Gálvez, descubrió mi gusto por la música – el Caballero guarda un silencio reflexivo–  es que la música antes tenía sentido – continúa – las canciones eran poemas con melodía y a mí me encantaba cantarlas y tocarlas. Mi padre, quien también era músico, me enseñó a cantar y a tocar la guitarra. Después mi padre y yo nos íbamos a las cantinas a cantar por un poco de dinero” -a don Antonio se le escapa una sonrisa como si se le viniera a la mente un recuerdo que decide no compartir-.

El Caballero se levanta para acomodar su saco y continúa: “Después me fui a Los Ángeles en donde canté en el hotel Alexandria. En ese lugar conocí, canté y me retraté con muchas celebridades como Los Bukis y Los Panchos – dice con voz de orgullo – pero después, mi madre falleció y me regresé a Ocotlán para acompañar a mi padre que se encontraba solo”; al decir esto le entra la nostalgia y se le sollozan los ojos.

Decido recuperarle el ánimo preguntado qué siente cuando toca. El Caballero prefiere no hablar de momento. Se para y desaparece. Aparece a los pocos minutos con guitarra en mano y me dice:‘’Voy a tocar una canción llamada No encontrarás amor igual del grupo Índigo’’,  en eso, acaricia la guitarra como si se tratara de su bella dama y comienza a cantar: 

No encontrarás amor igual 
Como el que dejas hoy así
A nadie más podrás amar, oh, no.

El Caballero canta y mi alma vibra. Su voz sabe a vino añejo, entonces comprendo que la pasión de un músico no envejece con los años. Me hace recordar aquel amor que perdí, y me estremecí. Terminó de cantar y no encontré en mi literatura interna algunas palabras para expresarle mi sentir. Solo le mostré mi piel china y le agradecí el momento.

Aprovecho la melancolía para preguntarle sobre sus amores al lindo hombre, pero él solo me responde con un solo nombre: Carmela Núñez. Don Antonio hace una gran pausa como si le guardara un minuto de silencio a su recuerdo, para luego comenzar a contar su historia de amor:

Me relata que él trabajaba en un lugar que se llamaba La Hacienda donde tocaba la guitarra en un grupo. Un día la vio entrar y quedó enamorado. Añade: “De inmediato pagué unas rosas y mandé al chico a que se las llevará. Empezó nuestro amor”. 

Vivieron 17 años como pareja, hasta que un día Carmen  le pidió a don Antonio que  se buscara a otra mujer que pudiera darle hijos, ya que ella no podía.

“Le dije que no quería a otra, mas insistió, entonces respete su decisión y me marché”, me lo dice con un tono de nostalgia mientras le pregunto si esa fue la última vez que la vio:

“Esa fue la última vez que estuve con ella, porque yo la sigo viendo: la veo en las paredes, en la almohada, en la cama, en el viento, en tus lentes, en mis canciones. De hecho, le compuse una canción que se llama Ya no me importa, la cual habla sobre un amor que florece a pesar de las críticas de la sociedad. Es tan solo una de las diez canciones que he compuesto. Con Ya no me importa gané el tercer lugar en un concurso que hizo la Casa de la Cultura”, me confiesa.

 Al hablar de canciones, pregunté si ha reunido su música en algún disco, sin embargo tras esa cuestión Caballero se entristeció y con una voz entre cortada me respondió: “Una vez fui a México a registrar mis canciones, pero me desilusioné grandemente al ver que el dinero de mi bolsillo era muy poco”.

Ahora, Caballero ha dejado de cantar en las calles, medio siglo de cigarrillos, con al menos una cajetilla diaria le ha provocado una enfermedad en los pulmones, por lo que me confía que ya no puede andar mucho por las calles.

“Al caminar me falta el aire. Ya llevo 9 meses en mi casa, que la siento como jaula, sin salir a cantar en las cantinas. Es la esposa de mi sobrino, Nelly, la que se ha convertido en mis pies. Ella es la que me lleva a todas partes”. 

Nelly me cuenta que el mural que recibe a los visitantes a Ocotlán surgió por una iniciativa de la marca de pinturas Comex, que patrocinó la iniciativa de destacar en el fresco a gente de la localidad.

“ Querían representar algo conmemorativo de Ocotlán. Fue entonces cuando una artista de Jamay, encargada de hacer el mural, propuso al Caballero y se quedó él. Tiempo después lo quitaron y pusieron al Señor de la Misericordia, pero el Caballero, siempre tan humilde, dijo que no le importaba que a él le gustaba que su retrato estuviera a bajito del de Nuestro Señor”.

 Han pasado dos horas desde que llegué a casa de Caballero. Pienso que mi visita puede dejar de ser oportuna y decido finalizar la entrevista, pero no sin antes dedicarle unas palabras al Caballero: Voy a luchar por sacarle su disco con sus 10 composiciones. Es lo mínimo que Ocotlán puede darle y no es un regalo para usted, es un regalo para nosotros. 

Esas palabras hacen melancólico el momento. El Caballero llora, Nelly también y yo no me quedo atrás. Nelly, me dice entre lágrimas: Gracias por hacernos recordar y valorar al hombre que tenemos en nuestro hogar.

La entrevista se cierra con un cálido abrazo. 

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1 comentario en “Entrevista a Antonio Gálvez “‘’El Caballero’’: Una leyenda viviente de Ocotlán, Jalisco.”

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