la casa de las mañas

La casa de las mañas

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Abigail Arrañaga. “Liagiba”.

Año: 2002

Lugar: Ecatepec de Morelos.

Edad: 4 años.

Mi casa es curiosa, está terminada y a la vez no.

La puerta es como de cartón y la cerramos poniendo una enorme piedra por detrás.

El piso no es lisito como el de las otras casas, este tiene piedritas y me lastiman cuando camino descalza. Debo sacudir bien mis pies antes de subir a la cama. No me gusta porque es rasposo.

En mi casa no hay puertas como en la casa de mi amiga Valeria, aquí tenemos cortinas un poco rotas.

Las paredes son del mismo color que las hojas que nos da la maestra para dibujar, pero tienen pequeñas manchas, no sé qué sean, pero no se ven lindas.

Tenemos unas gigantes ventanas y tienen esa cosa que utiliza mama para mis cuadernos de la escuela.

Mi hermana y yo dormimos juntas solo que ella arriba y yo abajo. Nuestro cuarto es muy oscuro y por las noches siento que un monstruo viene a verme.

Lo más divertido de todo es el baño, pues donde nos lavamos las manos siempre tira gotitas y mama le pone un botecito para que el agua se guarde ahí. Cuando hacemos del baño usamos esa agua para que se vaya el pipi pues la taza no funciona bien. Lo bueno que mis papás son inteligentes.

En la pared estaba como rotita, pero mamá la oculto con un dibujo de unos árboles.

En la sala hay un sillón. Un sillón feo que se le sale sus esponjitas, mamá lo tapa con una cobija de un león, pero aun así se siente duro cuando me siento a ver las caricaturas.

Mis padres son inteligentes, pues siempre hacen ver que la casa está bien, aunque no lo está.

Lugar: Ocotlán, Jalisco.

Año: 2024.

Edad: 25 años.

La casa en la que nací la llame La casa de las mañas, pues para todo mis padres tenían una maña ante las fallas del lugar.

Para un hoyo, un cuadro.

Para una fuga, un bote.

Para una ventana sin vidrio, un hule.

Para un piso sin azulejo, una buena escoba para barrer las piedras

Para un sillón roto, una cobija.

Para un problema, una solución parcial.

Para una verdad incómoda, un silencio eterno.

Para una herida, un curita.

Para un trauma, una venda.

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